El ser humano sin más por María José Luque Fernández


Un día te levantas y te das cuenta de que has perdido todo aquello material que poseías e incluso algo inmaterial, intangible, incontable como el amor de tu pareja.
En ese momento, hablas con un amigo, y le comentas sentirte igual que si una casa se hubiese derrumbado sobre ti, pero no es cierto, no puedes saber lo que se siente por algo que nunca has sentido, en este caso el derrumbe de una casa.
Tenemos la costumbre de comparar con cosas terrenales aquellos sentimientos, sensaciones que son tan abstractos que no sabemos cómo definir, como cuantificar, si bien es cierto que es muy difícil.
Cada día de nuestra vida hacemos cosas, a veces por costumbre, que ni tan siquiera deseamos. Otras por pereza o porque no nos atrevemos, pasamos de puntillas por situaciones que tal vez están en nuestro destino, que sólo quizás fueran para nosotros.


Nunca podremos saber si hicimos o dejamos de hacerlo bien. Tomamos nuestra decisión, la mayoría de las veces sin pensarlo siquiera, como un flash sin más, llega y se va.
Erróneas, certeras, deseadas, indecisas, frustrantes, perfectas; un amplio abanico que se suceden en los segundos, minutos, horas, días, meses, años que vivimos y cuyo resultado en la balanza nunca será posible.
Nos quedamos con aquello que nos alegra, nos llena, nos reconforta, intentamos ser el más importante en la empresa, el mejor estudiante en la universidad, el mejor ligón en la pandilla, el mejor amante, el mejor amigo, pero ¿Por qué? ¿Para qué?
Optamos por la negatividad cuando algo no sale como nuestra imperfecta mente tiene organizado. Cualquier suceso, por muy pequeño o insignificante que sea, nos puede arruinar el día, la vida.
Nosotros nos empeñamos en verlo así. No ha salido bien, nefasto.
No es cierto, no está mal, no es un contratiempo, simplemente ha sucedido de otra manera diferente a como nuestra rutina nos tienen acostumbrados
No entendemos que esta actitud nos duerme, inhabilita nuestras neuronas, nos lleva a una tendencia tranquila, casi vaga, sin sobresaltos, sin necesidad de que nuestras neuronas se activen, se enlacen, se recarguen.
Caemos en la necedad del ser humano, en la muerte súbita de su mente, de su cuerpo, dependiente de sus rutinas diarias, de aquellas situaciones de que nos hacemos a nosotros mismos dependientes.
@María José Luque Fernández
@Imagen Pinterest
Sigue nuestras noticias


Lo más visto

Flavio huyó de la mano de Trump y Milei y despreció a 60 millones de electores

Nueva era en Globatium: más rápidos, más conectados

Victoria demócrata con propuestas radicales sobre temas sociales

Ilustración botánica italiana: cuando la naturaleza se convierte en arte

MAGA solo puede salvarse si Trump cierra grandes acuerdos con Rusia, Irán y China

















