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Los leones marinos aceleran su ritmo cardíaco para desintoxicarse tras buscar comida en el mar

Los lobos o leones marinos aceleran su ritmo cardíaco ya en tierra firme tras sus expediciones en busca de alimento en el mar para eliminar los productos de desecho y reponer las reservas de oxígeno. Así se explica en un estudio realizado por un equipo internacional de investigadores y publicado en la revista ‘Frontiers in

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Los lobos o leones marinos aceleran su ritmo cardíaco ya en tierra firme tras sus expediciones en busca de alimento en el mar para eliminar los productos de desecho y reponer las reservas de oxígeno.

Así se explica en un estudio realizado por un equipo internacional de investigadores y publicado en la revista ‘Frontiers in Physiology’.

El buceo supone un desafío fisiológico para los animales marinos. Las inmersiones largas y profundas pueden desencadenar un metabolismo anaeróbico (sin oxígeno) en órganos distintos del corazón y el cerebro, lo que provoca la acumulación de ácido láctico.

Aunque los animales buceadores suelen haber desarrollado mecanismos para evitar la enfermedad por descompresión, pueden acumularse burbujas de nitrógeno en su sangre. Suelen recuperarse de este estrés nadando en la superficie durante periodos prolongados.

Pero, ¿qué ocurre si el tiempo que pasan en la superficie no es suficiente para compensar esta perjudicial ‘deuda de oxígeno’? Este fue el tema central del nuevo estudio.

Los investigadores demostraron que los leones marinos tienen una respuesta sorprendente al regresar a tierra: su ritmo cardíaco alcanza un máximo de alrededor de 80 latidos por minuto entre seis y ocho horas después de volver a tierra firme.

“En este estudio demostramos que en los lobos marinos del Cabo y de Australia existe una relación positiva entre su frecuencia cardíaca en el mar durante la búsqueda de alimento y su frecuencia cardíaca en tierra durante el descanso. Esto probablemente significa que la recuperación de algunos de los costes fisiológicos de la búsqueda de alimento en el mar se retrasa y se completa más tarde cuando la foca está en tierra”, según Melissa Walker, investigadora asociada de la Universidad Deakin (Australia).

Walker y sus colegas se centraron en la frecuencia cardíaca como un indicador preciso del consumo de oxígeno y la quema de energía. Estudiaron su variación a lo largo de ciclos completos en el mar y en tierra de dos especies: el lobo marino del Cabo (‘Arctocephalus pusillus pusillus’) y su pariente cercano, el lobo marino australiano (‘A. pusillus doriferus’).

El primero habita a lo largo de la costa sur y suroeste de África y suele cazar en mar abierto, mientras que el segundo se encuentra frente a la costa sureste de Australia y prefiere alimentarse en el fondo marino.

ANÁLISIS FISIOLÓGICO

Entre 2003 y 2008, los científicos estudiaron seis leones marinos hembras del Cabo en Kleinsee (Sudáfrica) y seis leones marinos australianos hembras en la isla Kanowna, frente a las costas de Australia.

A cada una le colocaron un transmisor de frecuencia cardíaca hermético, un registrador de inmersión y un enlace de radio, y tomaron mediciones cada 10 segundos durante un periodo de hasta 8,2 días.

Los instrumentos mostraron que un ciclo completo de travesía desde el mar hasta tierra firme duraba, en promedio, 5,5 días en los lobos marinos del Cabo y 3,8 días en los australkianos. Dentro de cada ciclo, se pasaban entre 60,4 y 96,5 horas en el mar, la mayor parte del tiempo (entre el 60% y el 70%) en la superficie.

Los leones marinos del Cabo se alimentaban principalmente en la columna de agua (68,4%) y mantenían frecuencias cardíacas más bajas en inmersiones más largas y profundas (de más de 400 segundos a una profundidad de 190 metros), pero solo durante un breve período (10 latidos por minuto durante menos de 60 segundos).

En comparación, los australianos se alimentaban principalmente en el fondo marino (71,5%), pero durante sus inmersiones más largas y profundas (de más de 400 segundos a 80 metros) mantenían una frecuencia cardíaca más rápida y constante durante periodos prolongados (de 20 a 30 latidos por minuto durante 300 segundos).

CAMBIO EN TIERRA

Basándose en estudios previos, los autores esperaban observar una frecuencia cardíaca mayormente plana y constante en las focas en tierra. Sin embargo, lo que observaron fue diferente. La frecuencia cardíaca de los leones marinos mostró picos claros entre seis y ocho horas después de llegar a tierra, alcanzando hasta 84 latidos por minuto. Con frecuencia, se presentaban varios de estos picos.

Solo después de que ocurrieran estos máximos, la frecuencia cardíaca descendía a un estado estable de entre 42 y 61 latidos por minuto, lo cual coincide con la frecuencia cardíaca de las focas durante la fase REM del sueño.

Existía una fuerte asociación positiva entre el área bajo la curva de frecuencia cardíaca en el mar y el área bajo la curva de frecuencia cardíaca en tierra, lo que sugiere una relación con la deuda total de oxígeno acumulada durante el tiempo que las focas pasaban en el mar.

Los autores concluyeron que, lejos de un simple descanso, los lobos marinos aprovechaban su tiempo en tierra para recuperarse activamente. Una posible explicación del aumento de la frecuencia cardíaca es la eliminación del ácido láctico de su organismo y la reposición de las reservas de oxígeno que no pudieron recuperarse durante su travesía marítima.

“La recuperación fisiológica de la deuda de oxígeno es más prolongada, compleja y se produce en escalas de tiempo mucho más largas de lo que se creía anteriormente, y es probable que la frecuencia cardíaca elevada en tierra ayude a sustentar una recuperación tardía”, concluye Walker.

(SERVIMEDIA)

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