«¡Hola!
Me llamo Eva, tengo 25 años y soy enfermera. Llevo 48 horas en aislamiento preventivo.
Decidí pasar mis vacaciones trabajando, para poder seguir formándome, para poder independizarme pronto, para aprender y porque me encanta cuidar (Sí, no tenemos sueldos millonarios, ya ves).
Lo que nunca imaginé es que estaría en mis únicos 5 días libres que tenía, metida en mi habitación, comiendo sola y desinfectando el baño cada vez que voy hacer pis.
Escribo esto porque no quiero que dentro de un mes, cuando todo se desborde y estemos como al principio, salgáis a aplaudir. No os preocupéis, intentaremos cuidaros y sanaros sin aplausos. Somos personas que hemos jurado hacerlo, y no héroes.
Si os fijáis, las películas de héroes siempre acaban con un final feliz, salvando a todo el mundo. Nosotros, el colectivo enfermero, somos personas, por lo que no siempre habrá un final feliz en esta historia.
Solo quiero que penséis, cuando estéis a punto de ser atendidos en una unidad de cuidados intensivos, si os merecéis ese recurso más que otra persona, que sí se ha encargado de cuidarse y protegerse, que por vuestra inconsciencia y hedonismo se ha infectado. Esa persona puede ser por ejemplo tu padre, madre, hermano,abuelo, tío, sobrino, etc. Sí, ese al que tanto quieres.
Os puedo asegurar que mis compañeros se dejaran el cuerpo y alma para que salgáis adelante, aún sabiendo que ponen a su familia en riesgo y teniendo que irse una vez más a vivir solos, por tu culpa.
La verdad es que no me pilla por sorpresa, pero tenía la esperanza e inocencia de que hubiéramos aprendido la lección. Pero no, está claro que no valoráis tener una sanidad pública. Nunca habéis hecho un buen uso de ella y ahora no iba a ser menos.
Me siento frustrada y, a pesar de tener una de las profesiones más gratificantes del mundo, hoy, me siento vacía.
Suerte».