Chile: ‘Nadie quiere líderes, porque son sobornados o asesinados’

Chile 22 de enero de 2020 Por
Buscando una nueva forma de democracia después de las protestas
Chile ‘Nadie quiere líderes, porque son sobornados o asesinados’

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Por Alma De Walsche 

Menos de un mes después del estallido social chileno, la clase política -el gobierno y el parlamento- dio una respuesta el 15 de noviembre: habrá referéndum sobre una nueva constitución. Está programado para el 26 de abril. En tiempos revolucionarios eso parece una eternidad. Mientras tanto, ¿se apagará el fuego y se desvanecerá la frustración de los chilenos? ¿O se convertirá en un caos?

¿Cómo aprovechas el momento revolucionario? ¿Y cómo se puede canalizar la energía que surge de las masivas protestas callejeras hacia una base constructiva?

Los chilenos aportan toda su creatividad para poner en marcha este proceso. El mundo académico participa de los análisis, opiniones y debates. Los medios de comunicación están llenos de entrevistas, programas de debate y canciones sobre la solidaridad y la libertad de la época de la dictadura. Todo el mundo habla de los derechos humanos.

Las molestias causadas por la interrupción del orden (estaciones de metro y supermercados cerrados, horarios irregulares…) son tenidas en cuenta con gusto. “Algo tenía que pasar» es la reacción de la mayoría de la gente.

En el Congreso, las propuestas legislativas se suceden. Una de las iniciativas más importantes de la sociedad civil es la Plataforma Nacional para la Unidad Social (la Mesa de Unidad Social o MUS).

La MUS fue creada unos meses antes de la revuelta chilena, en vistas a la Cumbre de los Pueblos, la contraparte de la cancelada Cumbre de la ONU sobre el Clima y la Cumbre de la APEC. La explosión social de octubre dio alas a la plataforma.

Reinventando Chile

Tomo el metro hasta el final de la línea 6, hasta el municipio de Cerrillos, en las afueras de Santiago. Todavía quedan algunas sesiones de la Cumbre de los Pueblos y la nueva Constitución es un tema muy debatido. Me encuentro con Paula Muñoz, activista ambiental y miembro activo del MUS.

 “Los chilenos tenemos una característica muy específica: estamos más o menos acostumbrados a vivir con terremotos. Cuando hay un terremoto, todos sabemos qué hacer. Nos reunimos en el lugar designado, discutimos lo que hay que hacer primero y dividimos el trabajo», dice Paula, una mujer que rebosa energía y habla como una cascada.

“Esta vez fue un terremoto social, pero actuamos de acuerdo a las mismas pautas. El 19 de octubre nos reunimos para discutir. Escribimos una carta al Presidente para hacerle conocer las violaciones de los derechos humanos y esa misma mañana organizamos una marcha hasta el palacio de La Moneda. Mientras tanto, los cacerolazos, las protestas con ollas y sartenes, salieron a las calles. Esa fue la primera reacción en ese momento».

“En las semanas siguientes, creamos grupos de discusión, llamados cabildos, sobre la erupción social. Eso resultó ser una buena salida para toda la energía que se desprendió. En esos grupos de discusión surgió la pregunta por una nueva constitución. No tenía que ser elaborada por los políticos actuales, sino por una asamblea constituyente de personas de la sociedad civil».

 “Para mí, este momento es como si los jóvenes abrigaran el sueño de un mundo mejor por primera vez en sus vidas», continúa Paula. “Porque no puede seguir así. La naturaleza se está muriendo, nuestros nietos tal vez nunca conozcan los hermosos ríos. Mis hijos apenas tienen la oportunidad de ver un lagarto. ¿Qué mundo les dejaremos? Ese lunes, todo el mundo se despertó con la clara conciencia de que no queremos este mundo. No sé cuál todavía, porque aún estamos en el proceso de reinventarnos a nosotros mismos».

A lo largo del mes de noviembre, la gente se reunió semanalmente para discutir tres preguntas. ¿Qué causó esta explosión social? ¿Es una asamblea constituyente la respuesta correcta a esta crisis? ¿Y qué temas deberían ser prioritarios?

Paula: ‘Trabajamos con grupos temáticos y tenemos voceros rotativos. No queremos que nadie dirija este proceso. Nadie quiere líderes, porque los líderes son sobornados o asesinados».

La idea de los grupos de discusión también fue recogida por los municipios. 150 municipios organizaron un referéndum piloto como preparación para el de abril. Alimentar el debate y preparar a la gente para el momento decisivo.

 ¿Quién va a hacer la nueva constitución?

La constitución es una pieza crucial en la herida chilena, porque data de 1980, cuando Chile era todavía una dictadura militar.

El retorno a la democracia en 1990 y el restablecimiento de un gobierno civil fueron un gran triunfo. Pero los tentáculos de la junta militar siguieron extendiéndose a todos los niveles de la democracia formal. El ex dictador Pinochet se convirtió en senador de por vida.

“La alegría ya viene», la alegría viene, fue el lema del plebiscito de 1989 (sobre la modificación a la constitución), recuerda César Padillo, coordinador de la ONG ambientalista OCMAL. “Esta alegría representaba a la justicia, la dignidad, participación, democracia, vivienda, el empleo… Pero al final, nunca llegó, porque la izquierda, también, no hizo más que administrar un modelo que había heredado de la dictadura. Siempre estaba la amenaza: si queríamos intervenir demasiado, los militares asechaban».

Con la revuelta y con el «Acuerdo por la Paz Social y por la Nueva Constitución» del 15 de noviembre, parece haber una nueva oportunidad.

En el referéndum del 26 de abril se plantearán dos cuestiones. Uno: ¿quieres una nueva constitución, sí o no? Dos: ¿debería ser compuesta por un «comité mixto» o por una «comisión constituyente»?

Por ‘comité mixto’ entendemos: un comité de cincuenta por ciento de políticos actuales y cincuenta por ciento de ciudadanos no partidistas. La alternativa, una Comisión Constituyente, estaría compuesta por un cien por ciento de personas electas para ello.

El referéndum es una decisión del Acuerdo por la Paz Social y por la Nueva Constitución, y la mayoría de los chilenos, con excepción de un núcleo duro de la élite, quieren una nueva constitución. Sin embargo, hay mucha controversia sobre la propuesta.

Algunos grupos de izquierda señalan que la propuesta ha sido formulada y cocinada por los políticos actuales, que están desacreditados y cuestionados por las mismas protestas. Otros aceptan la propuesta, pero prefieren que no haya ningún político. Y también se exige que esa comisión constitucional se componga con las cuotas adecuadas: tantas mujeres como hombres, y con una representación de chilenos indígenas. Pero esta demanda ya ha sido rechazada en el Congreso.

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