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Los últimos días de Macri como presidente y los frentes de tormenta que esperan a Fernández en Casa Rosada

Actualidad 20 de noviembre de 2019 Juan Pablo Peralta Juan Pablo Peralta

MACRI AF
El algoritmo de la “transición” aburrió a propios y extraños en el oficialismo y en la ingresante oposición. Sólo la prensa se dedicó a especular al respecto y a producir títulos destinados a la piedad del olvido. No hay caras de mayor apatía que la de los funcionarios de Cambiemos o dirigentes del Frente de Todos cada vez que alguien los consulta al respecto, incluyendo al presidente saliente y al electo. Es que únicamente ellos saben que lo único que se acordó fue que se concretaran las subas de combustibles a cuenta del macrismo, instalar un cepo cambiario al dólar parecido al que había dejado la administración de Cristina Kirchner, comenzar negociaciones independientes del actual gobierno con acreedores, frenar el drenaje de reservas del Banco Central y algunos pases de alto rango a planta permanente en la administración pública. No quedaron afuera los detalles, a estas alturas banales, sobre el traspaso de mando, un hecho folclórico que muchos utilizan mediáticamente para potenciar grietas que generan rating.

La abulia en las últimas reuniones de gabinete nacional en Balcarce 50 se nota en las postales oficiales que envía presidencia de la Nación. Pareciera la sala de espera de un consultorio donde los pacientes leen informes sin sentido como revistas viejas, mientras alguno habla y gesticula para la cámara del legendario fotógrafo Víctor Bugge. Los cónclaves de “seguimiento de gestión”, marca registrada de esta gestión, ya no son reproducidos para rellenar informativos, al igual que los recibimientos de empresarios, embajadores o representantes de gobiernos extranjeros que el primer mandatario lleva adelante en Olivos.

Sin embargo hay una sola cosa que hace brillar los ojos del núcleo íntimo de Mauricio Macri, es la adrenalina que les produce que un grupo de “advenedizos”, como los denominó con humor ácido un asesor político en el Patio de las Palmeras, quiera disputar liderazgo al iniciador del PRO en la Ciudad de Buenos Aires allá por 2003. Así y todo, el propio jefe de Gabinete Marcos Peña, mientras simula retirarse por los diarios a cuarteles de invierno para evitar rispideces en la futura oposición, sabe que el proyecto “Larreta 2023” está más vigente que nunca y será el próximo desafío para él y su mecenas político.

Por eso apuestan todas sus fichas a un rápido y rotundo fracaso de Alberto Fernández, tanto en materia económica como en el sostenimiento de la unidad en el frente que le toca encabezar. Un deseo peligroso, que además de hundir toda proyección positiva para el país, intenta apagar las brasas que aún arden en el vidalismo y en el entorno del alcalde porteño luego de estos cuatro años de ninguneos por parte del todavía titular de los ministros. En esa lógica maquiavélica es fundamental que la amnesia sobre los resultados negativos que dejan las finanzas cambiemistas se imponga por sobre el 40 por ciento que la fórmula de Juntos por el Cambio obtuvo el pasado 27 de octubre.

Por el lado de lo que se viene en el nuevo gobierno hay algo que no le juega a favor, es el inmenso grado de expectativa que se ha puesto sobre él, pero en particular la utilización del tiempo de gracia que suelen tener los flamantes mandatarios cuando asumen, pero que en el caso de Fernández tuvo que utilizar desde la Primaria del 11 de agosto cuando se impuso por 16 puntos y produjo la pérdida de poder de la alianza que integran Propuesta Republicana, la UCR y la Coalición Cívica. Pese a los listados que circulan con nombres confirmados y no tanto en el gabinete nacional, los apellidos claves siguen siendo negociados entre los principales referentes que integran el FdT. Las charlas con CFK y los operadores de las más de 100 fuerzas que asumirán el 10 de diciembre son diarias y aún no logran ponerse de acuerdo, en especial sobre quién conducirá el Palacio de Hacienda.

Para lograr la unidad que garantizara el triunfo frente a Macri en primera vuelta, el ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina tuvo que hacer promesas a todos los sectores que lo acompañaron, y que por ambiciones y mucho menos negligencias, puede disgregarse en el corto plazo, porque es precisamente lo que esperan sus adversarios, más allá de las divisiones internas que se verán reflejadas en las fracturas legislativas del bloque de Cambiemos en el Parlamento, y la pelea por el liderazgo en la oposición que se viene. No se pueden soslayar los preacuerdos con cámaras empresarias, gremios, movimientos sociales, gobernadores, intendentes y organismos internacionales.

De esta compleja coyuntura se puede inferir que los primeros noventa días de la administración de los Fernández serán determinantes, no sólo para los flamantes inquilinos de la Rosada, sino también para los que se van quedando en la historia como el primer gobierno constitucional que intentando ir por un segundo período fue derrotado en elecciones libres.

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