La Cumbre Climática que terminó en lágrimas

Con un día de demora, se consensuó un llamado a “reducir el uso del carbón y los subsidios a combustibles fósiles”. También se incrementarían los fondos destinados a los países en desarrollo para adaptarse al cambio climático.
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Pese a los dramáticos pronósticos emitidos por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y decenas de organismos independientes sobre el avance del cambio climático, la COP 26 concluyó con un acuerdo prácticamente vacío de compromisos reales para poner fin a las emisiones de carbono en el corto plazo. 

Desde la agrupación Jóvenes por el Clima hasta Greenpeace, decenas de organizaciones advertían durante las pasadas semanas que la Cumbre Climática Global, que tendría lugar en Glasgow entre el 2 y el 12 de noviembre, sólo sería una bisagra si los líderes mundiales se comprometían a adoptar medidas concretas para reencausar el Acuerdo de París. Nada de eso sucedió. 

Con veinticuatro horas de demora −un indicio manifiesto sobre las dificultades que tuvieron los participantes para consensuar un documento final−, se alcanzó a firmar un acuerdo con el aval de los 200 países miembros. ¿El balance? Apenas una aproximación a lo que los expertos vaticinaron: es imprescindible que la era del carbón y los combustibles fósiles concluya cuanto antes. 

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El acuerdo final se centra en cinco puntos: 

•    Se le insta a (en lugar de comprometer a) los países desarrollados a duplicar los fondos para los países en desarrollo para ayudarles a adaptarse al cambio climático.
•    Se le solicita a los países a actualizar a más tardar el año entrante sus metas de reducción de carbono para 2030.
•    Se hace un llamado para reducir gradualmente "el uso del carbón como fuente de energía y los subsidios a los combustibles fósiles ineficientes". 
•    Se hace énfasis en la necesidad de "aumentar significativamente el apoyo" a los países en desarrollo más allá de los US$100.000 millones al año.
•    Se establecerá un diálogo para examinar el tema de dinero a cambio del daño que el cambio climático ya ha causado.

Aunque hubo un debilitamiento en torno al rigor del acuerdo, algunos observadores siguen creyendo que el acuerdo final es una victoria debido a que es la primera vez que el carbón se menciona explícitamente en documentos de la ONU de este tipo.

Vale recordar que el carbón es responsable de cerca del 40 % de las emisiones de CO2 cada año, cifra que lo convierte en un elemento central en los esfuerzos por cumplir el Acuerdo de París de 2015. Para lograrlo, es necesario reducir las emisiones globales en un 45 % para 2030 y hasta casi a cero a mediados de siglo.   
Además, entre los puntos destacados del acuerdo, se incluyó el aumento de la ayuda financiera a los países en desarrollo, que no ocultaron su descontento por la falta de avances en lo que se conoce como "pérdidas y daños", un mecanismo firmado en 2013 que establece que los países más ricos deben compensar a los más pobres por los efectos del cambio climático a los que no pueden adaptarse.


Cruces geopolíticos, decepción y lágrimas

Como un retrato de la fragilidad que atravesó al acuerdo final firmado por los países convocados, el directivo británico Alok Sharma, quien oficio como presidente de la Cumbre, rompió en llanto al recibir críticas de múltiples países por los cambios inconsultos que China e India forzaron en el documento. 

La referencia a la necesidad de suprimir el uso del carbón y de los subsidios fósiles, se vio condicionada en el último minuto por una enmienda de China e India, que modificó la “eliminación progresiva del carbón”, por su “reducción progresiva”.

Según confirmaron a la agencia EFE fuentes de la negociación, el arreglo se hizo a última hora, a espaldas del resto de los países, entre la India, la Unión Europea, Estados Unidos y China, que coordinó esa demanda con Nueva Delhi y otras capitales como Teherán.

Al anunciarlo, Alok Sharma se emocionó hasta las lágrimas y pidió disculpas por “cómo se han desarrollado los acontecimientos”. “Entiendo la profunda decepción pero creo que, como ya habrán notado, es vital que protejamos este paquete de medidas”, dijo el británico.

Varios países mostraron su disgusto por tener que aceptar un cambio sobre el que ni siquiera habían sido consultados, pero terminaron plegándose por la necesidad de ratificar un acuerdo que ya llevaba 24 horas de demora. 

La sensación resultante continúa siendo la misma que reinaba antes de la apertura de la Cumbre: todo demasiado tibio. Todo demasiado tarde. Si el ritmo de emisiones de carbono se sostiene en los índices actuales, el cumplimiento del Acuerdo de París (de sostener el calentamiento global por debajo de 1.5°C respecto a los niveles preindustriales) será inviable, lo que incrementaría el número de desastres naturales y pondría en peligro a millones de personas, especialmente a quienes habitan los estados insulares actualmente ya amenazados por el nivel del agua. 

El compromiso real que adopten potencias industriales, como China e India, en la reducción del uso del carbón será la clave para evaluar el éxito de la COP 26 de cara al futuro. 

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Emmanuel Lorenzo

Periodista, escritor y magíster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos.
Autor de los libros "Pájaros detrás de las paredes", "La felicidad de los témpanos" y "Todavía no es de noche en el paraíso".
Tallerista literario y colaborador en revistas culturales.

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