López Obrador y la constante de Salinas de Gortari

Análisis 09 de noviembre de 2019 Por
Andrés Manuel López Obrador durante toda su trayectoria política, entre otras más de sus conocidas tácticas, destaca la de crear y utilizar diversas imágenes de sus distintos adversarios, tal como lo ha hecho en contra de la prensa fifí, los conservadores, los empresarios corruptos y en su momento en contra de la mafia del poder y su poderoso líder Carlos Salinas de Gortari, quien ha sido el más longevo de sus adversarios y el que mayores réditos políticos le ha generado.
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AMLO y Salinas

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Por Moisés Tapia[1]

 

Andrés Manuel López Obrador durante toda su trayectoria política, de más de tres décadas, ha hecho uso de diversas estrategias políticas que, en determinados momentos, como oposición, le permitieron estar vigente de manera continua, una de las principales tuvo que ver con el trabajo político realizado durante las visitas constantes a los pueblos y ciudades; otra más, fue y ha sido implícita en sus discursos a favor de los más pobres y los más vulnerables. Entre otras más de sus conocidas tácticas destaca la de crear y utilizar diversas imágenes de sus distintos adversarios, tal como lo ha hecho en contra de la prensa fifí, los conservadores, los empresarios corruptos y en su momento en contra de la mafia del poder y su poderoso líder Carlos Salinas de Gortari, quien ha sido el más longevo de sus adversarios y el que mayores réditos políticos le ha generado.

Efectivamente, Andrés Manuel López Obrador, de manera sistemática, durante gran parte de su trayectoria ha sostenido una confrontación unilateral y, por momentos, podría decirse que, hasta imaginaria en contra del ex presidente Carlos Salinas de Gortari a pesar de la lejanía de sus carreras políticas, por ejemplo, mientras Salinas llegaba a la presidencia de la república en 1988, López Obrador hacía campaña, rumbo a la gubernatura de Tabasco, por las agrupaciones de izquierda que, meses más tarde, darían origen al Partido de la Revolución Democrática, institución que sería el vehículo para llevarlo, como su dirigente, al plano nacional.

López Obrador, de 1988 hasta 1996, tiempo que pasó en Tabasco, llevó al extremo su activismo político, movilizando hasta donde le fue posible la vida política del estado, cargando consigo, dos derrotas electorales, ambas por la gubernatura; pero también se debe de considerar que logró la deposición de un gobernador como consecuencia de su accionar, el caso de Salvador Neme Castillo, quien fue sustituido por Manuel Gurría Ordoñez al iniciarse el cuarto año del sexenio en el estado. No obstante, la segunda elección perdida en contra de Roberto Madrazo no fue motivo para convencerlo de que las circunstancias y las preferencias no le habían sido favorables. En sus haberes estuvieron las tomas de pozos petroleros, las caravanas a la Ciudad de México, los mítines en contra del gobierno estatal, entre otras manifestaciones que llamaron poderosamente la atención del gobierno federal, ya encabezado por Ernesto Zedillo, al grado de llegar a plantearse una concertacesión como ya había ocurrido con el PAN en otros estados de la república (San Luis Potosí y Guanajuato), sólo que Roberto Madrazo no se sujetó a dicha posibilidad.

Mientras todo esto sucedió, Andrés Manuel López Obrador mantuvo cierta prudencia respecto al personaje que mayores dividendos políticos hasta el momento le ha dejado, es decir, Carlos Salinas de Gortari, pues en dicho sexenio, el tabasqueño no se atrevió a dirigir su discurso en contra de él. De acuerdo con un seguimiento en la prensa de la época, tanto local, como nacional, AMLO solamente hizo una mención velada en contra del ex presidente en 1994, año de elección en Tabasco, pero celebrada hasta el mes de noviembre. Teniendo recientemente el contexto del conflicto zapatista en Chiapas, López Obrador pidió a Carlos Salinas reflexionar y hacer uso de la democracia para solventar las demandas indígenas. El tono pudo ser crítico, sin embargo, fue cordial y totalmente conciliatorio.

Una vez que Carlos Salinas de Gortari dejó la presidencia el 31 de noviembre de 1994, fue notoria la ruptura política que hubo entre éste y el nuevo presidente, Ernesto Zedillo, escenario que López Obrador encontró propicio para comenzar a pronunciarse en contra de Salinas. Para marzo de 1995, con motivo de la aprehensión de Raúl Salinas, el hermano del ex mandatario, AMLO aprovechó el momento para anunciar un mitin de apoyo a Zedillo si, éste, lograba enjuiciar también al ex mandatario. Sin embargo, fue hasta después de agosto de 1996, cuando el de Macuspana asumió como presidente nacional del PRD y en lo sucesivo hizo uso estratégico el proferirse en contra de Salinas de Gortari encontrándose, en sus primeros mítines en otras zonas de país, con que esas arengas resultaban atractivas para la población y provechosas para los objetivos personales y de crecimiento del partido. Aunado a ello, ese tipo de declaraciones polémicas y de encono hacia la figura del ex presidente, también se reflejaron favorables para su presencia constante en la prensa local y nacional.

López Obrador, como parte de la propaganda electoral de las elecciones intermedias de 1997, llegó a ofrecer que, si el PRD obtenía los votos suficientes para ser mayoría en el Congreso, actuaría en contra de Carlos Salinas de Gortari para enjuiciarlo por cuestiones como el Fobaproa y por el asesinato de Luis Donaldo Colosio. De pronto Carlos Salinas fue encasillado por AMLO como el culpable de todos los males que iban surgiendo como referencia a los años anteriores. Uno de los siguientes pasos que AMLO realizó en contra del ex mandatario fue llamarlo “el innombrable”, así como relacionar a todos los personajes políticos cuestionados por sus acciones, como parte de un grupo encabezado por éste, que en lo sucesivo se convirtió en el enemigo favorito del hoy presidente.

Este “grupo encabezado” por el ex presidente Salinas, tendría un nombre que comenzaría a hacerse patente a partir del año 2000, durante una entrevista con el periodista Joaquín López Dóriga, en Televisa, para con AMLO y Diego Fernández de Cevallos, el término que años más tarde acabaría siendo conocido como “la mafia del poder”.

López Obrador en esos momentos que antecedieron a su candidatura por la jefatura del, entonces, Distrito Federal, señaló, en una entrevista que le hizo La Jornada, a través de Julio Hernández, que él siempre se había pronunciado en contra de Carlos Salinas de Gortari y que había sido uno de los férreos combatientes junto con el PRD en el estado de Tabasco, sin embargo, cotejando esta afirmación con los periódicos locales de la época, se confirma que no sucedió así. Cosa contraria demuestra que parte de su proselitismo en el año 2000 se basó en culpar al expresidente y en solicitarle un debate que, hasta la fecha nunca se ha realizado, pero que le fue útil para escudarse y zafarse de cualquier confrontación que sus adversarios le lanzaron reiteradamente en distintos momentos con el argumento de aceptar debatir sólo con “el innombrable”.

Al finalizar el año de 2005, con el asunto del desafuero y con los video-escándalos, el nombre de Carlos Salinas de Gortari tomó una relevancia considerable al ser “el responsable” de todo “el complot” en contra de López Obrador, según las propias apreciaciones y declaraciones del tabasqueño, al mismo tiempo que comenzó a mencionar los nombres de otros políticos que, según él, obedecían a los designios del ex mandatario.

La importancia de Carlos Salinas de Gortari para Andrés Manuel López Obrador se hizo evidente previo a la elección de 2006, estando en plena campaña política, Carlos Salinas de Gortari se hizo presente en los medios de comunicación gracias a una conferencia que dio el 11 de marzo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos. En dicho evento, Salinas, calificó como perjudicial para la democracia el avance de la izquierda en América Latina. Esta opinión tuvo repercusión de manera inmediata en México, pues AMLO reviró que, en caso de ganar la elección, Salinas perdería sus privilegios, aunado a ello, llamó “cuarteto de chachalacas” al ex presidente, a Vicente Fox, Roberto Madrazo y Felipe Calderón, situación que a la postre, de manera paradójica, sería uno de los puntos negativos mayores en contra de su imagen.

Transcurrida la elección de 2006, López Obrador, ante los resultados oficiales, inició la toma de Paseo de la Reforma a manera de protesta pacífica, situación que desembocaría semanas después, en su nombramiento simbólico como “presidente legítimo”. A partir de 2009, López Obrador, retomaría con mayor frecuencia los señalamientos en contra de Carlos Salinas relacionándolo con la posible candidatura presidencial del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Los errores o cuestionamientos propios del gobierno de Felipe Calderón también fueron endosados a Carlos Salinas de Gortari, es decir, la violencia generada por el combate al narcotráfico igualmente “fue culpa” del exmandatario y de “la mafia del poder” que se había instaurado en el país, en ese momento, desde hacía más de 20 años. El listado de nombres hasta ese entonces, también abarcó a nuevas figuras de la política y del sector empresarial que en total sumaban 30 nombres como integrantes del “grupo maligno” encabezado por Salinas de Gortari.

Sucesivamente, el nombre del ex presidente no dejó de estar en las palabras de López Obrador, así ocurrió también en la campaña electoral de 2012, en la que se lanzaron mutuamente estos personajes el reto de sostener un debate que evidentemente no sucedió. La derrota de López Obrador en las urnas, darían pie para que afirmara de nueva cuenta que “la mafia del poder” había operado en su contra.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, López Obrador, aunado a los males anteriores, reiteró continuamente que Salinas de Gortari era “el jefe de la mafia del poder”, posteriormente, le atribuyó también el dominio de quitar y poner a funcionarios en las principales instituciones gubernamentales, por ejemplo, en la Suprema Corte de la Nación, en el Congreso de la Unión y en la Procuraduría General de la República, entre otras. Por otro lado, la lista de subordinados a Salinas continúo creciendo e incorporando a nuevos actores políticos, incluso a partidos políticos completos, prácticamente a todos, incluidos varios de los que hoy son sus aliados.

Andrés Manuel López Obrador señaló también que el panista Ricardo Anaya era el candidato de “la mafia del poder” con miras a la elección de 2018 y que era apoyado directamente por Carlos Salinas de Gortari y por Diego Fernández de Cevallos. En dicha campaña hizo alusiones en distintas presentaciones mencionando que le entregaría su respectiva pensión como a cualquier otro anciano. AMLO a pesar de estar arriba en las encuestas de la elección que ganó, hizo uso del discurso en contra del expresidente que ganó los comicios treinta años atrás. Días antes de tomar protesta como presidente, López Obrador prometió castigar a los expresidentes corruptos, desde Salinas de Gortari, hasta Enrique peña Nieto dependiendo de la presión interna en el país.

Se debe tener en cuenta que recientemente, las circunstancias políticas por situaciones de seguridad en nuestro país han sido demasiado complicadas para el presidente y sus colaboradores, principalmente por casos como el de la familia LeBarón en el estado de Sonora, pero también por el operativo fallido en Culiacán, Sinaloa; sin dejar de lado los hechos de Aguililla, Michoacán o los de Tepochica, Guerrero. Se trata de acontecimientos que lo confrontan, sin querer con las instituciones de las fuerzas armadas, al mismo tiempo que se van sumando a otras cuestiones como la falta de solución a diversas demandas sociales y económicas, situaciones que, inclusive favorecen a la inmediata capitalización política de Donald Trump con respecto a sus aspiraciones que podrían hacer peligrar la soberanía del país, aunado a un discurso que no contribuye a dar certeza de que las cosas van por el rumbo que el gobierno mexicano tiene trazado.

Hace unos días AMLO habló de un posible golpe de Estado y con lo sucedido en Sonora, de nueva cuenta se refirió al trabajo realizado por los anteriores presidentes, a modo de justificar que el desorden es amplio y que resolver no es fácil. En esta ocasión no sólo se refirió a los gobiernos de Peña Nieto, Vicente Fox y de Felipe Calderón, se fue más atrás, volvió a hablar de Ernesto Zedillo y de Carlos Salinas de Gortari, volvió a recurrir a las antiguas estrategias, como cuando fue oposición, sólo que sus opiniones, en este momento, ya tienen un mayor peso, una trascendencia internacional. El usar como enemigo al “jefe de la mafia del poder” Carlos Salinas de Gortari, dicen los antecedentes, usualmente lo rescató de muchos momentos difíciles, sirvió para resurgir en los medios en sus momentos de crisis, para ganar votos en elecciones, para unir a la gente en contra de un enemigo en común, sin embargo, a pesar de haber tantas dificultades por resolver, hoy en día esa táctica ya no cabe. López Obrador, es presidente de la república, la estrategia, después de tantos años de funcionarle, debe cambiar.

 


 
[1] Politólogo e historiador egresado de la UNAM

Twitter: @moitapia7

 

 

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reportero desde 1979, miembro fundador de CONAPE A.C., gerente director general de Corporativo de Medios de Comunicación SAS de C.V., 40 años ininterrumpidos de ejercer mi labor informativa.

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