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¿Tienen corazón los abogados penalistas? / Jurista costarricense desnuda 'amañados errores' del Poder Judicial de su país

Derechos humanos 29 de abril de 2020 Redacción América Redacción América
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ROBERTO GONZÁLEZ SHORT (:.) / GLOBATIUM CHILE

SAN JOSÉ COSTA RICA.- Hoy en GLOBATIUM© queremos compartir con nuestros lectores a nivel mundial una sobria entrevista sobre temas ajenos a la Pandemia Covid, pues la línea editorial de nuestra agencia de noticias busca también profundizar en la esencia del Ser y la Sociedad, con sus vicios y virtudes latentes.

Para lograr nuestro objetivo periodístico nos contactamos con uno de los abogados penalistas más destacados en América Central, pues queremos conocer cómo funciona Costa Rica en su parte biopsicosocial, cómo se generan esas ‘enfermedades’ morales e infecciones en los pulmones de la Ética del Estado y sus instituciones. Queremos saber cómo es la Costa Rica profana desde el ángulo inquisidor de la labor periodística en su plena búsqueda de la Verdad.

Nos referimos al licenciado Harry Jiménez Vargas, abogado penalista que por su vasto kilometraje en terrenos judiciales hoy nos comparte cómo la vida de sus clientes (muchos que han perdido sus libertades) le han impactado emocional y espiritualmente. 

A PROFUNDIDAD

Pocas veces en periodismo, en el periodismo del siglo XXI, se logra llegar tan profundo en el tejido social de cualquier país, a no ser que la 'infección' reviente de manera exponencial por la vía de la Crónica Roja, pero no es éste el caso, a continuación nos adentraremos en las profundidades del corazón de este jurista centroamericano, quien diariamente labora junto a todo un equipo jurídico de Primera Línea para participar en historias dignas de aquellos ‘Cuentos de la Cripta’, por decirlo de una manera coloquial.

- ¿A qué 'Cielo' o 'Infierno' te han llevado las historias con las que tienes que interactuar en tu labor de abogado penalista?

- El Derecho me ha llevado a adentrarme a un insospechado mundo de historias de personas que como usted y como yo, un día tuvieron libertad. Libertad de tránsito, libertad de ir y de venir, libertad de escoger entre lo Bueno y lo Malo, libertad para decidir. Y que casualmente esa Libertad de Decisión un día los hizo 'presos' de sus decisiones. Aunque suene reiterativo no lo es, pues nadie está exento de cometer errores o equivocarse a la hora de vivir.

Después de estar en tantas audiencias, en tantos juicios Amén de mi trabajo, he podido ver cómo muchos hombres y mujeres son sentenciados o condenados a cárcel. Y cada vez que escucho cuando un Tribunal de Juicio condena a un ser humano a pasar cuatro, diez, 20 o peor aún 50 años de cárcel (Pena más alta en Costa Rica), no puedo evitar sentir algo así como un latigazo que me golpea el corazón. Y después que el Tribunal termina sentenciar y se acaba la audiencia, me queda esa estela de dolor, ése silencio sepulcral y esas familias que, repito, aunque la condena sea Justa en razón de su Error, son familias al fin. Y Nada queda, sólo el silencio cómplice del dolor que ellos sienten, es lo que se podría recordar.

- ¿Por qué esa respuesta tan 'humana', tan 'emocional'?

-Hablo emocionado, porque a lo largo de estos años en los que he pasado trabajando en Derecho y estudiando, yo poco a poco dejé de lado la crítica o el señalar, y pienso en que cada persona que recibe Hoy una condena, Ayer tuvo una historia que quizás lo llevó a tales circunstancias. Tal vez le faltó un consejo de un padre o de una madre, tal vez 'una nalgada a tiempo', tal vez esta persona fue abusada en su niñez y resiente ahora 'algo' a la sociedad. Entonces busco en aquél ‘Reo Preso’ y ‘Condenado' a cárcel la parte humana, aquella que se debe respetar y no olvidar, y es la de analizar que a pesar que ese ‘Reo Preso’ haya cometido un gravísimo error… ¿quién soy para señalarlo? Nadie.

- ¿Qué sientes cuando estás al lado de un ‘Reo Condenado’?

- Tener a mi lado a un ‘Reo Condenado’ a cárcel, es una sensación extraña y mística. Pues en ese momento me convierto en su única esperanza en que 'algo' se pueda hacer para recobrar su bien más preciado después de la vida: Su libertad. Me miran angustiados sin derecho a hablar, en sus ojos hay desconsuelo, en su mirada reflejan las ganas de llorar, sus manos atadas por esas frías ‘esposas’ se vuelven temblorosas, sus miradas al suelo, sus respiraciones se detienen por unos instantes y en la mayoría de casos se asoman las lágrimas en sus ventanales del Alma. Quedan esas lágrimas que yo, como abogado, nunca sabré si son de dolor, pena, odio, susto, desilusión o de todas las anteriores juntas.

- Luego de analizar todo este juego emocional, ¿qué logras entender para ti?

- Bueno, es entonces ahí cuando empiezo a comprender que la cárcel es lo más cercano a la Muerte. Pues cada vez que hay una Sentencia de algún caso en los que por razón de trabajo he estado presente, y en ellos veo la sala llena de familiares, siento lo mismo que en las Velas Funerarias (+), en donde la familia del Finado espera el desenlace inevitable. Y si la sentencia es condenatoria, hay llanto desesperado; hijos que lloran por su padre, a quien se llevan a encerrarlo, y no comprenden qué está pasando, madres que 'con Rosario en mano' esperan 'Ese Milagro' que quizás no llegará, y sueltan el grito más desgarrador que mis oídos han escuchado, suplicando al Tribunal (sordo a estas súplicas) que lo dejen libre. Y digo ‘sordo’ porque éste Tribunal no sentencia basado en el dolor de una madre, lo mismo que la fría muerte que se llore, es inevitable. Es la ausencia de un ser querido, es el saber que no lo verás más caminar por ahí, como cuando eras libre, es recordarlo y no verlo, es pensarlo y no tenerlo más, es llamarlo y que no te conteste, es un vacío frío y árido. Son las ganas de que esté en Navidad, en su cumpleaños, en Año Nuevo, pero no. Ya no está. Se lo han llevado para ese lugar llamado cárcel. Algo tan semejante a la muerte que los que han visitado la cárcel saben que ahí huele a muerte, huele a soledad, huele a abandono. No es por trivialidad que digo al inicio de estas líneas, que la cárcel es sinónimo de muerte.

- ¿Qué tan dura puedes imaginar que es la vida infracarcelaria?

- La cárcel es más cruel que la despiadada Muerte, pues los que creemos en Dios sabemos que un día despertaremos de ese sueño profundo y todo será paz, y entonces la pesadilla habrá acabado; pero los que un día salen de la cárcel y cuando recobran su libertad ‘Ups’, es ahí donde más bien inicia su calvario.

ROBERTO GONZÁLEZ SHORT (:.) / GLOBATIUM CHILE.

SAN JOSÉ COSTA RICA (:.).- Hoy en GLOBATIUM ESPAÑA© queremos compartir con nuestros lectores a nivel mundial una sobria entrevista sobre temas ajenos a la Pandemia Covid, pues en la línea editorial de nuestra agencia de noticias buscaos también profundizar en la esencia del Ser y Sociedad, con sus vicios y virtudes latentes. Para lograr nuestro objetivo periodístico en este 'Primer Viaje Misterioso', tuvimos que contactar a uno de los abogados penalistas más destacados en América Central, pues queremos conocer cómo funciona Costa Rica en su parte biopsicosocial, cómo se gestaron esas ‘enfermedades’ morales e infecciones en los pulmones de la Ética del Estado Tico y sus instituciones. Quisimos conocer 'Cara a Cara' cómo es ''la Costa Rica profana'' desde el ángulo inquisidor de una legítima labor periodística en su plena búsqueda de la Verdad Iniciática en favor de ésos Q:.H:. 'Sin Mandil'.

Entre éstos nos referimos al licenciado Harry Jiménez Vargas, abogado penalista, quien por su vasto kilometraje en terrenos judiciales hoy nos comparte cómo la vida de sus clientes (muchos que han perdido sus libertades) le han impactado emocional y espiritualmente. 

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A PROFUNDIDAD

Pocas veces en periodismo, en el periodismo del siglo XXI, se logra llegar tan profundo en el tejido social de cualquier país, a no ser que la 'infección' reviente de manera exponencial por la vía de la Crónica Roja, pero no es éste el caso, a continuación nos adentraremos en las profundidades del corazón de este jurista centroamericano, quien diariamente labora junto a todo un equipo jurídico de Primera Línea para participar en historias dignas de ‘Cuentos de la Cripta’, por decirlo de una manera coloquial.

- ¿A qué 'Cielo' o 'Infierno' te han llevado las historias con las que tienes que interactuar en tu labor de abogado penalista?

- El Derecho me ha llevado a adentrarme a un insospechado mundo de historias de personas que como usted y como yo, un día tuvieron libertad. Libertad de tránsito, libertad de ir y de venir, libertad de escoger entre lo bueno y lo malo, libertad para decidir. Y que casualmente esa libertad de decisión un día los hizo presos de sus decisiones. Aunque suene reiterativo no lo es, pues nadie está exento de cometer errores o de equivocarse a la hora de vivir.

Después de estar en tantas audiencias, en tantos juicios amén de mi trabajo, he podido ver cómo muchos hombres y mujeres son sentenciados o condenados a cárcel. Y cada vez que escucho cuando un Tribunal de Juicio condena a un ser humano a pasar cuatro, diez, 20 o peor aún 50 años de cárcel (Pena más alta en Costa Rica), no puedo evitar sentir algo así como un latigazo que golpea el corazón. Y después que el Tribunal termina de sentenciar y se acaba la audiencia, queda esa estela de dolor, ese silencio sepulcral y esas familias que repito aunque la condena sea Justa razón de su Error, son familia al fin. Y no queda nada, sólo el silencio cómplice del dolor que sienten.

- ¿Por qué esa respuesta tan 'humana', tan 'emocional'?

- Lo digo emocionado, porque a lo largo de estos años en los que he pasado trabajando en Derecho y estudiando, uno poco a poco deja de lado la crítica o el señalar, y pienso en que cada persona que recibe Hoy una condena, Ayer tuvo una historia que quizás lo llevó a tales circunstancias. Tal vez le faltó un consejo de un padre o de una madre, tal vez 'una nalgada' a tiempo, tal vez esta persona fue abusada en su niñez y resiente algo a la sociedad. Entonces busco en aquél ‘Reo Preso’ y ‘Condenado' a cárcel la parte humana, aquella que se debe respetar y no olvidar, y es la de analizar que a pesar que ese ‘Reo Preso’ haya cometido un gravísimo error… ¿quién soy para señalarlo? Nadie.

- ¿Qué sientes cuando estás al lado de un ‘Reo Condenado’?

- Tener a mi lado a un ‘Reo Condenado’ a cárcel, es una sensación extraña y mística. Pues en ese momento me convierto en su única esperanza en que 'algo' se pueda hacer para recobrar su bien más preciado después de la vida: Su libertad. Me miran angustiados sin derecho a hablar, en sus ojos hay desconsuelo, en su mirada se reflejan las ganas de llorar, sus manos atadas por esas frías ‘esposas’ se vuelven temblorosas, sus miradas van al suelo, sus respiraciones se detienen por unos instantes y en la mayoría de casos se asoman las lágrimas en sus 'Ventanales del Alma'. Quedan esas lágrimas que yo como abogado, nunca sabré si son de dolor, de pena, de odio, de susto, de desilusión o de todas las anteriores juntas.

- Luego de analizar todo este juego emocional, ¿qué logras entender para ti?

- Bueno, es entonces ahí cuando empiezo a comprender que la cárcel es lo más cercano a la Muerte. Pues cada vez que hay una Sentencia de algún caso en los que por razón de trabajo he estado presente, y en ellos veo la sala llena de familiares, siento lo mismo que en las Velas Funerarias (+), en donde la familia del Finado espera el desenlace inevitable. Y si la sentencia es condenatoria, hay llanto desesperado; hijos que lloran por su padre, a quien se llevan a encerrarlo, y no comprenden qué está pasando, madres que 'con Rosario en mano' esperan 'Ese Milagro' que quizás no llegará, y sueltan el grito más desgarrador que mis oídos han escuchado, suplicando al Tribunal (sordo a estas súplicas) que lo dejen libre. Y digo ‘sordo’ porque éste Tribunal no sentencia basado en el dolor de una madre, lo mismo que la fría muerte que se llore, es inevitable. Es la ausencia de un ser querido, es el saber que no lo verás más caminar por ahí, como cuando eras libre, es recordarlo y no verlo, es pensarlo y no tenerlo más, es llamarlo y que no te conteste, es un vacío frío y árido. Son las ganas de que esté en Navidad, en su cumpleaños, en Año Nuevo, pero no. Ya no está. Se lo han llevado para ese lugar llamado cárcel. Algo tan semejante a la muerte que los que han visitado la cárcel saben que ahí huele a muerte, huele a soledad, huele a abandono. No es por trivialidad que digo al inicio de estas líneas, que la cárcel es sinónimo de muerte.

- ¿Qué tan dura puedes imaginar que es la vida infracarcelaria?

- La cárcel es más cruel que la despiadada Muerte, pues los que creemos en Dios sabemos que un día despertaremos de ese sueño profundo y todo será paz, y entonces la pesadilla habrá acabado; pero los que un día salen de la cárcel y cuando recobran su libertad ‘Ups’, es ahí donde más bien inicia su calvario.

- ¿A qué Calvario se refiere que inicia al salir de prisión, no es la libertad lo que se anhela?

- Me refiero al calvario de sentirse aislado, señalado, satanizado, y entonces aquellos que un día recobran su libertad quieren morir, porque el 'castigo social' al que se enfrentan es más cruel que la frívola celda y es más punzante que las noches de soledad y angustias que vivieron detrás de las rejas. Ciertamente para la muerte hay resurrección, pero paradójicamente para quién es condenado a cárcel nunca habrá reinserción. Dolor de dolores, humillación de humillaciones, castigo doble, cortesía de una sociedad 'per se', ya es grosera.

- Pese a todo este drama humano, ¿qué aprendiste al lado de estas personas en desgracia?

- Que la vida debe seguir, los hijos seguirán creciendo sin Papá presente, ‘para cuando Papá vuelva a casa’ (si es que lo esperan) ya los niños serán hombres y quizás ya no necesiten un beso de buenas noches o que papá en medio de la noche los vaya a arropar en su cama porque tengan frío. Ya no. Y ese dolor que sienten los sentenciados, es el que me hace antes de señalar al que condenan a cárcel comprenderlos y no señalarlos. Tal vez el nunca volver a ver a su amada, o pensar que cuando llegue el día de volver a ser libre ese día ya afuera no habrá quién lo espere, quién le tienda una mano, porque muchas veces al salir ya esos ‘amigos’ no están. O quizás ya son viejos y pasaron su vida tras las rejas. Qué duro, salir y no saber cómo vivir afuera. Entonces comprenden que la cárcel se les metió dentro y siguen siendo prisioneros de ellos mismos.

- ¿Son justos en la mayoría de veces los Tribunales en Costa Rica?

- No. Pues en la mayoría de casos los Tribunales en Costa Rica terminan siendo tramitadores del Ministerio Público y en aquel asocio los abogados defensores nos sentimos como en aquella ‘lucha entre tigre suelto contra burro amarrado’. Para sustentar mis palabras pongo de ejemplo las reiteradas llamadas de atención que ha recibido Costa Rica por parte de la CIDH, en cuanto al exceso en el uso excesivo de las prisiones preventivas. Terminan en el 90% los tribunales concediendo estas medidas tan excesivas. A pesar de que la Corte Plena advierte que el recurso de la Prisión Preventiva ha de ser el último recurso a aplicar, ignorantes recursos como los mecanismos electrónicos de monitoreo permanente por ejemplo.

- ¿Crees que hay personas inocentes en las cárceles Ticas?

- Sí. Sí las hay. Tenemos dos casos al menos donde se ha demostrado que la persona ni siquiera estuvo cerca del lugar de los hechos y que sólo porque alguien en una llamada lo mencionó con un sobrenombre lo han detenido y condenado (Caso Carpincho). Pero sí hay personas que están condenados siendo inocentes. Urge en Costa Rica un buen programa o un Proyecto Inocencia como se manejan en otras latitudes como en EE.UU.

- ¿Se está haciendo algo en Costa Rica por estos 'inocentes' en prisión?

- No. Además que no hay voluntad política, es casi misión imposible que un fiscal del Ministerio Público diga ‘nos equivocamos tenemos al equivocado en prisión’.

- ¿Qué opinas de tus representados tus clientes?

- Pienso en cada uno de los clientes que han sido sentenciados a cárcel o en algún amigo que recién condenaron a la pena máxima, elevo a Dios una súplica para que Él que todo lo puede les dé paz y sosiegue sus corazones y perdonen y se perdonen a sí mismos.

«Porque estuve preso y me visitaste». Termino esta entrevista con algo que me dijo un día un preso: «Para la gente ir a visitar a un preso es un sacrificio enorme, para un preso que lo visiten es un regalo invaluable».

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