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Carta desde el confinamiento… en un lugar de La Mancha

Ya que algunos amigos se están animando a escribir –o grabar– sus pareceres sobre los acontecimientos presentes y lo que pueda suceder en un futuro próximo, igualmente me animo a ordenar mis opiniones y expresarme en un intento de intercambio esta vez desde el confinamiento que me sorprende desplazado… en un lugar de La Mancha…

Opinión 01 de abril de 2020 Juan Espinosa
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(Imagen de Juan Espinosa. Des de un lugar de La Mancha)

Me parece que a estas alturas da igual cuál es el origen del virus y también da igual las
intenciones individuales porque lo que se mueve y lo que la situación expresa es un
trasfondo psicosocial. Esto que se mueve ocurre quiera el individuo o no.
En esta situación sumamente inestable no solo se inestabilizan las personas, todo el
sistema está temblando (y no solo de miedo) en este momento. El derrumbe de las bolsas
mundiales, el derrumbe del precio del petróleo, el derrumbe de los puestos de trabajo (3
millones de despedidos en una semana en USA), el derrumbe de multinacionales
todopoderosas (algunas están pidiendo rescate a los gobiernos) no era previsible ni puede ser
una jugada hecha por nadie. Y para más énfasis parece que quien a corto plazo está saliendo
beneficiado económicamente es China.

Y los temores y las creencias orientan los comportamientos. En unos lugares hacen cola
para hacer acopio de alimentos y en otros para comprar armas. En unos lugares se ponen
serios con las medidas y en otros creen que no importa si mueren decenas de miles mientras
su dios siga en pie: el mito del dinero, “el sueño americano” dicen, esa cosa ilusoria e
inexistente. Surge el apoyo, la solidaridad, la sensibilidad y la comprensión. Y a la vez “el
sálvese quien pueda”.

Porque en definitiva los gobernantes también son humanos y responden con lo que
pueden. Me parece que se ven varias líneas que son muy representativas: una es proteger a la
gente aunque se perjudique la economía (en España por ejemplo, las medidas llegan un
poco tarde pero bien); otra es proteger los negocios aunque se perjudique la gente
(Inglaterra, USA, Brasil). Y luego están los chinos (China, Corea, Taiwán, Japón) que
deciden tomar el control de todo -incluso de la vida individual- para contener el problema
rápidamente y luego volver a la normalidad lo antes posible. Porque tienen una historia de
desbordes sociales terribles en momentos de crisis económica y saben cómo hacer para
contener los desbordes. En Europa los desbordes por hambrunas se han resuelto por la vía
de la fuerza de los poderosos aplastando a los pobres que siempre se han jodido –perdón
por la palabra- y muy pocas veces se han revelado expresando el comportamiento medieval
que aun hoy día tiene sus expresiones. Esto ocurre desde la entrada de las tribus germánicas,
porque antes, en Roma en tiempos de la República si se revelaron y hubo revoluciones antes
del Imperio y por eso se dieron poderes a los tribunos de la plebe y llegó la cosa de «pan y
circo» para que no pasara dificultades la plebe. «Pan y circo» en el momento actual sería
como una renta básica y televisión e internet gratuita; parecido que no igual porque la
escala entonces era otra.

Mi opinión es que todos están pensando en volver a la normalidad lo antes posible (los
gobiernos, la gente), no perder lo que tenían. Aunque es claro que surge en mucha gente
apoyo, ayuda, reciprocidad y colaboración. Y eso es un indicador estupendo porque abre la
fe y la esperanza.

¿Qué va a pasar? No se sabe. Si lo controlan rápido (como en China) la tendencia es
intentar volver a la normalidad lo antes posible y aprender para futuras pandemias.
Entonces Ante la situación presente se me plantean dos preguntas. Una es qué está
pensando hacer la gente una vez que pase este confinamiento. Y la otra es si esta situación
va a producir el colapso del capitalismo.

Respecto de la primera, a mi parecer la gente está pensando en volver cuanto antes a la
situación anterior considerando esta desgracia como un mal sobrevenido que, por cierto, ha
despertado en una parte de la gente muy buenas actitudes, lo cual es un indicador
estupendo de lo que tienen dentro. Pero hasta ahí llega la cosa, por ahora. Quizá si esto se
pone peor, la gente despierte con más fuerza lo mejor.

Respecto de la segunda, puede ser que este virus produzca el derrumbe del sistema. Pero
eso no está claro aún. Los indicadores de derrumbe serán: la interrupción en los suministros
alimenticios y farmacéuticos; el bloqueo de la liquidez bancaria restringiendo el acceso a sus
depósitos a cientos de millones de clientes independientemente del país en el que vivan; las
crisis institucionales recurrentes; el desborde de la violencia social superando la capacidad de
algunos gobiernos para contenerla; la llegada al poder “temporalmente” de estructuras
militares por el “bien del país” que puede ocurrir en países de “avanzada democracia”; el
bloqueo de las redes sociales e internet desde gobiernos irracionales y militarizados (como
en Irán o Corea del Norte actualmente).

Me parece que no podemos ser ingenuos y pensar que por un aumento de la sensibilidad
al sufrimiento de los demás y por aumentar la valoración de quienes están peleando esta
situación (personal sanitario) estamos ante un cambio del sistema. El sistema cambiará por
imperio de las circunstancias, o sea, cuando sus estructuras fundamentales colapsen, como
ocurrió con la otra mitad: con el mundo soviético.

Por otra parte, una cosa es el derrumbe del sistema capitalista y otra muy diferente es
volver a la Edad Media. Sería gravemente perjudicial que se rompa internet, que los canales
de distribución mundial de productos se bloqueen, que los medios de comunicación cierren
o caigan en manos militares, que las estructuras regionales (como la Comunidad Europea)
se rompan, etc. Eso no es el derrumbe del capitalismo, eso es un paso atrás en la historia
humana –como lo fue la Edad Media– y una estúpida vuelta a empezar. La autarquía es un
grave error y además es materialmente imposible a estas alturas.

Lo que parece que se presenta en los próximos meses -como ya está haciendo China- es
la aparición de países-islas con las fronteras cerradas a la circulación de personas. Circulan
las mercancías, circulan las noticias, las imágenes, la redes virtuales, todo menos las
personas. Ese escenario de países-islas durará algunos meses.

Pero lo que también nos preocupa es que respuestas va a dar la gente. Yo creo, y siento,
que mucha gente tiene muy buenas cosas dentro y que eso puede ser que se ponga en
marcha. Y se pondrá en marcha con más fuerza cuando el mundo se ponga más
complicado. Entonces la buena gente no sólo alzará la voz, sino que dará un paso más, hará
algo más definitivo: se pondrá a hacer con el mundo lo que sienten que debe hacer sin
esperar a que los gobernantes resuelvan. Esto ya se empieza a ver. Porque aún hoy muchos
esperan que los gobernantes resuelvan, y exigen, y protestan. Eso es un paso anterior. El
paso siguiente es cuando dejas de hacer eso y te pones a construir hagan lo gobernantes lo
que hagan. Y, claramente, esta nueva actitud y estas nuevas acciones serán motorizadas por
las generaciones jóvenes.

Una frase de Silo me dejo una linda sensación en mi corazón:
“Hay síntomas de nuevos tiempos, no sólo los desbordes, es un aspecto, hay otras
cosas. Hay un nuevo horizonte. Claramente se está perfilando un nuevo horizonte.
Así es que no nos va a interesar mucho ya, seguir criticando los desastres del mundo
actual. Ya lo conocemos, ya sabemos adónde va. Estamos podridos de perder tiempo
criticando los desastres del mundo actual. Ahora vamos… vamos a la vida
artificial. No, pero merece un brindis. ¡Sí lo merece!”¹

Un buen espíritu es poner las energías en construir, abrir el futuro hacia una nueva
forma de estructuración social poniéndose manos a la obra. No sólo hablar de ello, sino
crear asociaciones desinteresadamente de apoyo humano como ya están surgiendo. Creo
que ese es un buen papel y no el de seguir podridos perdiendo el tiempo criticando. Y otra
buena acción coherente es hacer ceremonias con la gente de bienestar, hacer pedidos con
ellos, oraciones grupales, poner la espiritualidad social en marcha.
Porque me parece que el mundo que viene no va a ser por aceptar una ideología, ni una
idea del ser humano. Eso ya no va, desde hace décadas que no va las ideologías, ninguna. Se
abre el futuro y es por un nuevo espíritu y un nuevo afecto que es inclusivo, horizontal, no
manipulable, desestructurado (anárquico), esas características tan inaprensibles que también
comparte El Mensaje de Silo.

Por otro lado puede ser –y muchos esperamos y estamos esperanzados que así sea– que
no ocurran genocidios ni apocalipsis. Quizá lo bueno que hay en la gente sea capaz de
balancear la situación evitando la explosión violenta y avanzando hacia una nueva sociedad
más allá de los derrumbes sociales.
“- Silo, hay mucha gente que en este momento tiene la sensación bastante
apocalíptica, que las cosas van muy mal. ¿Qué tú dices?
– Parece que todo se cayera. Se caen instituciones, se caen formas políticas.
Seguramente está muy que se caigan. Pero en las personas no, está surgiendo un
sentido, una cosa muy… Porque están aspirando a otro tipo de mundo. Así que
creo que vamos bastante bien y nada de apocalipsis, eso no es así.”²

Esto es tener fe en el ser humano y capacidad de ver en la gente algo que está en marcha.
Si, debemos aprender a ver.
Por último, no quiero dejar de comunicar algunos sentimientos y zozobras que se
presentan estos días de dificultades. En esta situación me brota el temor a qué va a pasar,
cuánto va a durar, cómo vamos a estar después, ¿vamos a perder mucho? ¿Vamos a perder a

muchos? ¿Cómo nos vamos a organizar y recomponer después? ¿El descontrol va a ser
fuerte, me va a llegar? No solo son las noticias que llegan, tengo frente a mí el
desfallecimiento y el drama ¿Y cómo afronto los cuidados y los posibles desenlaces? Éstas y
otras dudas me asaltan.

El reconocimiento de la incertidumbre, de la inseguridad, de la inestabilidad social y
personal es una buena cosa. A mí me ayuda este reconocimiento porque me pone en
situación humilde de apelar a una bondad de la que tengo alguna experiencia. El mundo se
pone difícil, me inestabilizo y entonces busco esa bondad en mí. Y cuando la siento
comprendo mis temores y mis dificultades desde otro lugar. Entonces las nubes se disipan,
mi mente se calma y me dispongo a cuidar de mis seres queridos, alimentando los afectos,
escuchando, calmando, abriendo el futuro. El mundo gira, los acontecimientos se
precipitan y aceleran, y la gente da respuestas como puede. ¿Cómo responderé yo? Cuando
lo hago desde mi bondad actúo con unidad y eso me hace crecer a mí y a otros
independientemente de los acontecimientos. Porque también estoy aprendiendo que aun en
las dificultades graves me puedo colocar en esa bondad y afecto que he alimentado con
buenas acciones durante mi vida y que experimento cuando me calmo y conecto con mi
interior. No tengo otra opción válida, todo lo demás que hago desde otro lugar lo hago con
el registro de temor y tensión, de sufrimiento. Pero en esa bondad, en ese momento, en ese
centro interno, el mundo se enlentece, el tiempo se aquieta, una luz interna se muestra, y en
mi una especie de pequeño dios es capaz de obrar el milagro de “en las más oscuras horas de
mi infortunio” abrir el futuro luminoso.

La Mancha
Marzo, 2020
Juan Espinosa

 

Notas:
1- Silo, Comentarios ante un grupo de amigos de El Mensaje de Silo en Parque Los Manantiales, 28 de
mayo 2010
2- Silo en el documental “El sabio de los Andes”.

Tomado de Pressenza

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