Morena y sus cambios de dirigencia

México 24 de octubre de 2019 Por
Las elecciones de 2018 trajeron resultados insospechados para Morena, es decir, de acuerdo con distintas encuestas, sí se pronosticaba un triunfo de Andrés Manuel López Obrador, pero no se esperaba que la victoria fuera lo abrumadora como resultó ser.
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Por Moisés Tapia[1]

Para el cuarto fin de semana de noviembre de este 2019, MORENA realizará la renovación de dirigencia de sus Comités Ejecutivos Estatales y el Comité Ejecutivo Nacional. Se trata del relevo en las respectivas dirigencias estatales y la nacional del partido político que nació en 2014, es decir el más joven (con registro nacional) en México. Este es el partido que actualmente tiene mayoría en el Congreso de la Unión, es el partido en el poder, es el que la gente identifica como el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador y, por lo tanto, goza de una importante penetración a escala nacional.

La historia de Morena es suigéneris en el sentido de que sus orígenes se remontan a que es un movimiento social que surgió luego de la elección de 2006 a causa de los polémicos resultados en los que Felipe Calderón finalmente fue acreditado con el triunfo en aquella contienda electoral. Es conocido que, a raíz de este descontento y con la respectiva estructuración y organización política, meses después, Andrés Manuel López Obrador se erigiría como “presidente legítimo” y nombraría a un gabinete alterno, aprovechando la efervescencia y participación de muchos simpatizantes y colaboradores que consideraron que el tabasqueño debía haber sido el ganador en dicha elección. Con el paso del tiempo, este movimiento fue consolidándose hasta convertirse en un partido político que aprovechó la estructura de otros partidos que al mismo tiempo se iban desdibujando ideológicamente, principalmente el PRD, cuya dirigencia comenzó a hacer más evidentes sus diferencias con AMLO, quien a pesar de todo, aún sería su candidato a la presidencia en 2012, pero el resultado de esta contienda y las acciones posteriores a ella, marcarían un parteaguas para el, hoy casi extinto, partido del sol azteca.

Martí Batres, el ahora senador de la República, fue el primer presidente nacional de Morena, posteriormente, el segundo presidente de este instituto político fue el mismo Andrés Manuel López Obrador quien renunció a su puesto para poder asumir la candidatura rumbo a la elección presidencial de 2018; Yeidckol Polevnsky asumiría las funciones de la presidencia del partido siendo la secretaría general a partir de diciembre de 2017. Ante este breve recuento podemos observar que la primera transición del primer presidente de este nuevo partido político al segundo no hubo inconveniente alguno, en tanto que, cuando AMLO buscó la presidencia de su partido, contó con la anuencia de que no habría ningún candidato más que le enfrentara en su objetivo; del mismo modo, Polevnsky asumiría de forma estatutaria las funciones de dirigente. Hasta aquí todo en orden, sin embargo, con la aproximación del cambio de dirigencia hacia el mes de noviembre de este año, Morena se ha visto envuelto en una serie de conflictos que van de lo nacional a lo estatal y que han dejado ver que el triunfante nuevo partido carece de la institucionalidad que requiere una organización de tal magnitud.

Morena ha demostrado tener problemas en tanto que, no tiene definido aún el procedimiento por el cual se seleccionará a su nuevo presidente nacional, sus estatutos no definen bien que acción seguir, los posibles candidatos tienen entablada una lucha que ha permitido algunas descalificaciones no solo entre ellos, sino con otros funcionarios al interior del partido, así como con otros personajes que intervienen directa o indirectamente en la contienda.

 
Las elecciones de 2018 trajeron resultados insospechados para Morena, es decir, de acuerdo con distintas encuestas, sí se pronosticaba un triunfo de Andrés Manuel López Obrador, pero no se esperaba que la victoria fuera lo abrumadora como resultó ser. Durante los periodos de precampaña y la campaña, como tal, pudo observarse que el nuevo partido no tenía candidatos en todos los distritos, es decir, faltaba la presencia y fortaleza de candidatos que fueran considerados competitivos para cada uno de los puestos de elección popular, o sea, candidatos a diputados federales, diputados locales, alcaldes  y senadores, por lo que en muchos de los casos se tuvo que recurrir a personajes que habían competido ya por los colores de otros partidos por el hecho de ser ubicados por la gente, por contar con una cierta clientela política y tener cierta capacidad de movilización y estructura que hiciera frente a las necesidades de una contienda electoral, es decir, nos referimos a personajes que son conocidos por sus cacicazgos en ciertas regiones, protagonistas de otros momentos y de otros gobiernos que parecieron atractivos y útiles para el objetivo electoral de Morena y que encontraron un camino en común, a Morena para posicionarse, y a estos caciques, para retomar el poder del que ya habían saboreado sus mieles.

El discurso de AMLO respecto a incluir en su lucha por la presidencia a todos aquellos que quisieran sumarse sin importar su procedencia ideológica y partidista atrajo a muchos que apostaron por la victoria del tabasqueño y su nuevo partido.  Finalmente, los resultados dieron la razón a esta forma poco ortodoxa de competir, AMLO y Morena ganaron la batalla electoral con número apabullantes en contra de sus adversarios.

El problema aún no estaba presente luego de la elección de 2018, momento en que todo fue euforia y gozo, pero con el paso de los meses llegaron las elecciones de 2019, en las que Morena no obtuvo buenos resultados. Quedó demostrado que el trabajo institucional del partido no estaba siendo realizado con estrategia. En los 5 estados en los que hubo elecciones se hizo patente que los gobiernos de oposición hicieron un mejor trabajo territorial con todo y que el nuevo partido era ya el partido gobernante a escala nacional. Pudo notarse con mayor claridad también que, los resultados obtenidos por Morena el año pasado pudieron ser coyunturales y que la dificultad en lo sucesivo fue mantener andando al monstruo que compitió en la elección presidencial.

Por ejemplo, para ilustrar la problemática de Morena en muchas de las entidades de la república se pueden citar el caso de Oaxaca en donde igualmente algunos caciques regionales y locales compitieron y formaron parte de la estructura del partido, haciendo uso de sus recursos para incidir e imponer sus cotos de poder que les permitiera acaparar algunas de las candidaturas que podrían haber pertenecido a los miembros que trabajaron desde el inicio de este nuevo partido político.

La elección estatal de 2016 trajo como resultado que Morena fuera competitivo frente a la coalición de el PAN-PRD así como contra la coalición ganadora del PRI-PVEM-PANAL. Morena obtuvo el tercer lugar en la elección para gobernador logrando el 22.8%. Para el congreso del estado ganó 4 de las 25 diputaciones de mayoría contrastando dicho resultado gracias al efecto López Obrador en 2018, en donde Morena y sus aliados obtuvieron el triunfo en 23 de los 25 distritos. Hasta aquí, de nueva cuenta, los resultados en favor del partido son esplendidos y pudieran parecer halagüeños, sin embargo, son el efecto de varios factores, entre ellos el arrastre del candidato presidencial y la participación de operadores políticos que apostaron por la figura de AMLO.

El problema en Oaxaca es el mismo que en otras entidades y refleja lo que sucede a escala nacional, es decir, en Oaxaca hay una disputa por el cambio de dirigencia a tal grado que se han suscitado confrontaciones violentas, amenazas y descalificaciones, los caciques que ahora tienen la camiseta de Morena puesta, buscan hacer a un lado a los militantes originales de este partido y pretenden imponer a sus preferidos para asegurar el poder en el estado.

El senador Salomón Jara, es uno de ellos, debemos recordar que fue uno de los fundadores del PRD en el estado, de hecho, fue uno de los integrantes del Frente Democrático Nacional que compitió en la elección de 1988. Representó al sol azteca como diputado local, diputado federal, y también como senador. Fue miembro del gabinete de Gabino Cué como titular de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario Forestal y Pesca (SEDAFP), de donde, por cierto, se le señaló un desfalco por 1 mil 200 millones de pesos, aunado a que desempeñó el cargo sin contar con una cédula profesional, puesto que la obtuvo hasta 2011. A pesar de ello, en 2016, Jara fue el candidato de Morena a la gubernatura del estado, pero también es uno de los señalados por la prensa local de haber negociado e impuesto candidaturas en detrimento de los militantes y las bases del partido en 2016 y en 2018.

En el próximo cambio de la dirigencia de Morena en el estado de Oaxaca, a Salomón Jara se le señala por impulsar a Jesús Romero conocido también como “Charbelin”, un personaje que recientemente fue diputado local por el PT y que en 2016 coordinó la campaña de Benjamín Robles, el candidato del PT que buscó la gubernatura oaxaqueña (ex funcionario de Gabino Cué). Cabe señalar que Romero fue vinculado al exgobernador Ulises Ruiz gracias a unos audios que circularon a inicios de ese mismo año, así como otros en los que Ulises Ruiz buscaba impulsar a Benjamín Robles hacia la candidatura de Movimiento Ciudadano, finalmente lo haría por el PT, pero quedó en evidencia que Ruiz Ortiz continuaba moviendo los hilos de la política en el estado a pesar de ser delegado del PRI en el estado de Quintana Roo.

El punto a destacar es que Jesús Romero es quien suena para ser el próximo dirigente de Morena en Oaxaca, sin embargo, otro de los nombres que se barajean es Armando Contreras Castillo, quien fuera secretario de Asuntos indígenas también del gobierno de Ulises Ruíz. Contreras Castillo es respaldado por Yeidckol Polevnsky y por Ericel Gómez Nucamendi (delegado especial del partido en el estado), este último ha sido legislador por el PRI y por Movimiento Ciudadano y fue suplente de Gabino Cué, cuando éste fue senador.

En conclusión, no se necesita ser muy ducho en la política oaxaqueña para saber que el próximo dirigente de Morena, el encargado de coordinar la militancia rumbo a la elección local de 2021 será un ex perredista, un ex petista, un ex priista, un ex colaborador de Ulises Ruiz, o un ex funcionario de Gabino Cue. Al mismo tiempo que será impulsado por alguien que paradójicamente sea un priista, ex perredistas, ex emecista, o ex colaborador de Gabino Cué.

Parece ser común que el intercambio de cachucha en Oaxaca es conveniente para quienes ya tienen forjada cierta trayectoria, sólo es cuestión de ser certero y oportuno al momento de tomar la decisión de hacerlo.

Así de “claro”, así de “sencillo” el partido de la cuarta transformación cambiará su dirigencia en Oaxaca, lo mismo que en el resto de los estados de la república, sorteando algunos inconvenientes propios del costo de no ponerse de acuerdo, de no tener claras las reglas y de no respetar las que hay, de continuar integrando elementos del color que sea, de no actualizar los respectivos padrones, de no respetar la trayectoria de la militancia, de querer imponer, de no definir una serie de cuestiones que parecen lógicas, pero que no lo son, es decir, una serie de características e indicadores que dejan ver falta mucho para la institucionalización de Morena, sin embargo, los tiempos están encima y hay que llevar a cabo el cambio de dirigencia.

[1] Politólogo e historiador egresado de la UNAM

Twitter: @moitapia7

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