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16/05/2009 18:34:15 l Internacional
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DOS ESCENAS CON MUCHOS RECUERDOS
Patrocinio Navarro Valero



Acaba de bajar el telón de la última representación del Papa en la tierra herida de Palestina. Y digo bien: Palestina (por aquello de la Historia), tierra ocupada y dividida artificialmente primero y militarmente después. Pero esta tierra donde nació Jesús ofrece dos caras más: el símbolo de cómo es tratado el cristianismo real en nuestro tiempo (en Alemania la comunidad de cristianos originarios son un ejemplo de acoso Iglesia-políticos conservadores-medios.) y además el de servir de escenario teatral de este año para el actor Sr. Ratzinger.
El año pasado por estas mismas fechas, el Presidente del Estado Vaticano, era felicitado en su cumpleaños por su homólogo en EEUU, Sr. Bush. En el mismo instante que Benedicto XVI elogiaba a Bush por su –cito textualmente- “preocupación por la gran familia humana”, las bombas norteamericanas destrozaban a la gente en Oriente, y un número elevado de personas eran secuestradas en todas partes y torturadas en prisiones secretas y en Guantánamo, pero los actores se felicitaban hermanados en la misma causa: la moral cristiana –según ellos- y la defensa de los valores occidentales, como los derechos humanos y la democracia. Naturalmente.
¡El Jefe de Estado Vaticano, empeñado en defender la democracia sin pestañear a pesar de ser cabeza visible de la última teocracia del mundo!...
Como la doble moral está más que asumida por él y por todos los demás actores del reparto, no tiene reparo alguno en afirmar que Bush es un defensor de la democracia, y así el Papa se dirige al pueblo norteamericano sin rubor alguno diciendo que “como los padres fundadores del país sabían, la democracia sólo pueden florecer cuando los líderes políticos y quienes ellos representan son guiados por la verdad y aplican la sabiduría a las decisiones que conciernen a la vida y al futuro”.En la mente del Papa, Bush debía ser , como él, un “líder guiado por la verdad”, y un padre como los fundadores. Cristo dijo que no debíamos llamar Padre a nadie de este mundo – y menos, Padre Santo- pues Padre y Santo sólo es Dios. Ni el Papa, ni los curas ni los nombrados santos y colocados en altares paganos tienen que ver con Dios ni con Cristo (según Cristo, claro está). Pero sigamos con la representación, donde el “santo padre” permanece en la escena de la Casa Blanca.

Lamentablemente los “padres fundadores” de los EEUU mataron tantos indios para hacer florecer su democracia y maltrataron a tantos negros para el supuesto triunfo de los derechos humanos antes y después de la Guerra de Secesión y hasta hoy mismo como quien dice (a pesar del Obama negro) que resultó difícil desde entonces y miren si ha pasado tiempo, creer ni una palabra a los señores de bandera-hasta-en-la-sopa.
Los otros “santos padres”, los predecesores de Ratzinger, como Inocencio III, montaron ejércitos contra los que rechazaban el catolicismo de Roma para seguir las enseñanzas de Cristo y aniquilaban sin piedad a cátaros, bogumilos, y todo tipo de cristianos disidentes del catolicismo que pretendían vivir con los principios del Sermón de la Montaña, eran vegetarianos, creían en la reencarnación, practicaban el comunismo de bienes, eran pacifistas, negaban toda jerarquía, estaban en contra de ceremonias rituales y vivían con austeridad, cada uno aportando su trabajo. Uno se pregunta qué tiene que ver el cristianismo con esta Iglesia que debería llamarse simplemente católica, pero no cristiana, pues ¿dónde está su cristianismo? Veamos.
Los asesinatos en masa de los cristianos en el siglo XI no habían hecho más que comenzar con las masacres del sur de Francia donde ciudades enteras fueron pasadas a cuchillo por las hordas del Papa y de sus aliados... Luego vendrían las Cruzadas, el genocidio de la Inquisición en Europa y la colaboración al genocidio indio en América, los apoyos a caquices y gobernadores sanguinarios, a reyes crueles, a gobiernos autoritarios y fascistas en todas partes del mundo hasta ahora mismo y la adoración al Becerro de Oro, al brillo y al poder mundano que distingue al Estado Vaticano y a sus servidores. Entre tanto, Cristo había dejado dicho que Su Reino no era de este mundo, y vivía en austeridad, era vegetariano, predicaba el amor y vivía como predicaba.
¿Y qué decir de los presidentes de EEUU desde el primero al último de todos ellos? Walt Whitman el gran poeta de su país-¿quién lo diría?- cantaba la democracia diciendo: “Arrancad los cerrojos de las puertas! /¡Arrancad las puertas de los goznes!/ El que degrada a otro me degrada/ y todo lo que se dice o hace vuelve a mí al fin…./Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la democracia,/¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones”.
(Estoy seguro que no es este el poeta del Presidente Obama. Y eso que Whitman canta mucho a los negros).
Y mirando a todos los presidentes que se llaman demócratas desde la altura de esos versos y estos tiempos, uno se pregunta qué tienen que ver con la democracia todos los presidentes del mundo que dicen defender eso que llaman libertad, justicia y derechos humanos
Un año después, ahora, se vuelve a repetir una escena parecida: el teatro de mayo de cada año vuelve a levantar y cerrar puntualmente el telón, esta vez en Palestina, (versión Israel) .Aquí el Sr. Ratzinger, que debe detestar el que se conozca su pasado nazi, clama en el muro de las lamentaciones contra el genocidio al pueblo judío, pero no se acerca al muro de cientos de miles de kilómetros que levantó Israel para allí clamar contra el genocidio palestino y el robo violento de sus tierras. Ya que no parece sentir entusiasmo el dirigente católico por esta labor, ni por el Sermón de la Montaña y los diez Mandamientos, al menos podría juntarse con los dirigentes judíos para leer a Whitman, pues en lo que respecta a la democracia andan también bastante cojos. Y deberían leerlo en los seminarios los aspirantes a curas. Si no lo hacen no será por falta de biblioteca, pues en la del Vaticano, donde tienen literalmente secuestrado para beneficio particular y vergüenza mundial gran parte de los conocimientos de la humanidad, no deben faltar precisamente textos que hablen de libertad, amor, justicia, unidad, igualdad, que eran justamente sus favoritos para retirar de la circulación. A lo mejor, entre ellos, encontramos los que (san) Jerónimo eliminó, introdujo y modificó para confeccionar por orden del Papa Dámaso en el siglo IV La Biblia Vulgata, el batiburrillo doctrinal básico del catolicismo, que no procede del cristianismo originario, sino de su revisión y mutilación con la ayuda estatal en todos los tiempos desde Constantino, al igual que la democracia capitalista no es una democracia del pueblo. Así, Iglesias y Estados parecen actuar por separado pero trabajan para la misma causa. ¿(El que tenga la mente abierta entenderá).
Se cierra el telón hasta el próximo mayo. Lo malo de esta obra es que raramente ofrece sorpresas el guión. Los actores pueden cambiar, pero su fidelidad está asegurada.
¿Y la del público?







 
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